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Ni la edad, ni el tamaño, ni la reputación ni las ventas garantizan que las grandes empresas sobrevivirán en el futuro. Hoy en día no logro entender el mundo de los negocios sin los emprendedores y sus negocios en la nueva economía. Se fundamentan en una gran base tecnológica normalmente, ágiles, ligeros, siempre listos a atender necesidades insatisfechas de los mercados o incluso a generar disrupciones en modelos de negocio que generar nuevas necesidades, provocan el comienzo de algo que ni siquiera saben cómo terminará. Pero como a veces generan la incertidumbre que pueden acabar con crecimientos descomunales, las aves de rapiña con dinero revolotean a su alrededor para ir cazando al más atractivo de estos apasionados.

Un concepto asociado a estos emprendedores es el riesgo. Siempre rondando los mercados de la economía tradicional en la que vivimos, para romperla y descuadrarla, buscando recursos, capaces de hacer propuestas que serían imposibles para los dinosaurios empresariales tradicionales. En vez de que el gran tiranosaurio se arriesgue, mejor que sea un pequeño e indefenso ratón el que, si fuera el caso, se pierda en las profundidades de las alcantarillas del salvaje mercado.

Los emprendedores, le dan más flexibilidad al ecosistema de negocios en su conjunto. Los modelos de negocio en la nueva economía, generan una red distribuida con nodos bien informados que son colaborativos y competitivos al mismo tiempo, en función de la novedad y la cantidad de conexiones que son capaces de establecer en el entorno empresarial generan gran demanda de manera rápida. Claro que la otra cara de la moneda es la fragilidad y el entorno salvaje en el que se meten para luchar, haciendo las veces de David contra Goliat. El reparto de poder y fuerza es completamente asimétrico. Las grandes empresas que antes apretaban a los proveedores y ahora tratan de embestir a los pequeños y nuevos generadores de la economía porque sin duda, los sienten como el enemigo que antes fue ignorado, porque ahora llegan con propuestas basadas en la agilidad y la sencillez y como mencioné, con un amplio componente tecnológico, que sin duda está sirviendo en gran medida como la nueva generadora de la competitividad en el mercado.

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El léxico también ha tenido grandes cambios, porque estos emprendimientos de la nueva economía se abastecen de “millennials cool”, buscando “equity crowdfunding”, capaces de atraer “business angels” y aportar sus dosis de “apps” adecuadas al mundo de las “startups”. Los entornos de negocios se están vistiendo con sus mejores galas. Los emprendedores se lanzan al estanque a luchar contra los “sharks” buscando las grandes inversiones y su gran oportunidad para crecer exponencialmente. Despreciando los empleos tradicionales bajo una actitud de arrogancia, ahora es mejor trabajar en “coworking”, haciendo el mejor “networking”, vender la idea con un buen “elevator pitch” e ir a conquistar el mundo en un santiamén.

El riesgo, la adrenalina, la osadía, son los nuevos valores en esta nueva economía. Haya o no agua en la piscina, el entorno y la actitud tienen todos los ingredientes para el éxito. No tanto porque van o no a triunfar y sobresalir, sino porque quienes lo hacen recibirán atención mediática. Se buscarán una historia para contar, unos horarios extravagantes, una energía contagiosa. Escribirán sus propias historias para narrar sus éxitos. Porque, aceptado el riesgo, el triunfo al final será reclamado por estas nuevas generaciones. Mientras, los dinosaurios seguirán pensando si deberían o no jugar en esta misma liga.

Jaime Bárcenas