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Cuando se habla de crear soluciones efectivas que logren aumentar el nivel de productividad en las empresas los empleadores deben buscar las mejores alternativas a fin de responder a sus problemáticas latentes. Hoy, las principales necesidades que tienen las organizaciones van más allá de lo que comúnmente se piensa: estrategias de venta o posicionamiento dentro del mercado. Si bien, eso es importante, pero se debe dar solución a cómo los colaboradores deben hacer de los debates una oportunidad de aprendizaje que facilite el cumplimiento de objetivos, pero si volvemos un debate en algo productivo, ¿qué sucederá?.

Los decisores se encuentran bastante preocupados por cuántas discusiones o debates se están presenciando dentro de los equipos de trabajo, fomentando un ambiente difícil, incómodo y en algunos casos, una realidad que obstaculiza el avance de la compañía. Se ha vuelto un común denominador la “cultura de discusión”, empezando por los altos mandos. Esto sin duda trae desventajas dado que cuando se generan este tipo de situaciones sin algún sentido, o porque simplemente una parte quiere tener la razón, no se llegará a ningún lado. Por el contrario, se distorsiona, cambia y retrasa todo.

Ahora bien, con esto no significa que poner sobre la mesa varios puntos de vista que generen debate y polémica sea algo estrictamente negativo. No. Discutir puede ser algo muy bueno, quizás la clave del éxito, pero sólo en la medida que este tipo de discusiones se lleven a cabo de manera saludable.

La diversidad cognitiva hace que un grupo sea más inteligente. Bien dice el dicho “Dos cabezas piensan más que una”, sobre todo cuando existen varios comentarios sobre un tema. Asimismo, estudios muestran que la mayoría de los proyectos o ideas de negocio son exitosos gracias a la diversidad de opiniones y puntos de vista que permiten consolidar una visión más amplia de la realidad. Por el contrario, fracasan cuando nadie opina, cuando nadie debate y se prefiere optar por la “ley del silencio”. Esto tiene mucho sentido en la medida que si alguien lanza las cartas del juego y no hay quien proponga otra idea de jugada el paso a seguir será el inconformismo y la queja.

Desafortunadamente muchos son los que recaen en defender su postura con la única intención de “ganar” o demostrar que su opinión es la que más tiene sentido. Luchan intensamente por una idea sin importar el crecimiento, aporte o progreso que esto pueda traer a la empresa. Y es en esto en lo que se centra este artículo, en brindar soluciones que ayuden a cambiar esta dinámica construyendo un discurso más efectivo y defendiendo las posturas con argumentos sólidos y correctos. A continuación, algunas reglas de oro que tú y tu equipo de trabajo deben poner en práctica para convertir las discusiones en oportunidades de crecimiento.

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No te lo tomes todo como algo personal

Cada vez que una persona expone su punto de vista frente algún tema es común que pueda sentirte atacado cuando hay un opositor que refute su idea. Por lo general cuando otros respaldan nuestro punto de vista actuamos con mayor confianza y nuestro ego toma firmeza. Pero caso contrario es cuando se nos vienen en contra. Al suceder esto consideramos que no están nuestro favor por algo personal. Quizás no le caemos bien a esa persona o porque no gustan de nuestra personalidad.

Cuando empezamos a cambiar nuestra manera de pensar y vemos todos desde una perspectiva más objetiva y menos emocional los resultados serán más positivos. Debemos apreciar cada opinión que refute la nuestra como una ayuda que nos permite desarrollar argumentos sólidos.

Estamos en el mismo equipo ¿Por qué competir?

Por lo general cada debate dentro de las organizaciones se divide en diferentes categorías. En la primera están aquellos que incansablemente luchan por convencer a los demás de que su opinión es la verdadera, la que cuenta. En la segunda están aquellos que hacen todo lo posible por querer verse superior a su oponente, aun cuando sus argumentos no sean lo más coherentes. Y en la tercera, aquellos que convierten una discusión como una oportunidad para aprender y ampliar el conocimiento desde la experiencia de los demás. Debería ser esta última la que resalte para garantizar un futuro estable y amigable.

Para esto es importante recordar lo siguiente:

  • Estamos jugando un mismo partido. Por tanto, no hay que quitemos la pelota actuando como adversarios sino como compañeros de cancha
  • No existe la “única” forma de hacerlo. Todas las opiniones cuentan para hacerlo bien
  • Por pequeña o extensa que sea la intervención que hagamos en medio de un debate, no dejemos de hacerla. ¡Es importante y cuenta!
  • Todo el equipo gana cuando actuamos en equipo y no de forma individualista

En los debates, siempre utiliza los mejores términos

Bien dice el proverbio “La blanda respuesta aplaca la ira”. ¡Cuánta verdad! Muchas de las discusiones que se viven a diario surgen cuando nos referimos al otro en términos peyorativos. Lastimamos al otro sin darnos cuenta utilizando un vocabulario superior y a manera de juicios con aquellos que no piensan igual. Así que intenta siempre referirte a tus subalternos o a tus pares, no importa cuál sea el caso, de una manera amable, profesional y sencilla.

Procura ser intelectualmente humilde

Un debate exitoso se logra cuando los participantes están dispuestos a aceptar el punto de vista de los demás, e incluso cuando replantean su opinión porque reconocieron que estaban errados. Los sicólogos lo llaman humildad intelectual, sin duda, una de las principales habilidades que los buenos líderes desarrollan cuando quieren que el barco llegue a aguas desconocidas.

  • Se hábil para escuchar la opinión de los demás
  • Sé dispuesto a aprender cada día algo nuevo
  • Respeta y acepta que nos todos piensan igual que tú
  • Reconoce cuando estás equivocado y permite que las opiniones de otros te ayuden a salir del error

No esperes encontrar la respuesta en los mismos de siempre

Un error común que se suele cometer es consultar sólo a los que consideramos con mayor conocimiento. En un debate por lo general convocamos a los mismos de siempre ignorando que aquel que poco habla posiblemente puede tener la solución en sus manos. Es por eso que no podemos caer en el error de considerar importantes sólo unas opiniones, todos tienen siempre algo que aportar.

Y tú ¿Cómo manejas los debates en tu empresa?

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